Sinceramente, quisiera dejar todas estas líneas en blanco, como señal de silencio doloroso. Porque en un momento como este, cualquier cosa que se diga está de más. Porque usar esta abominación para expresar algo que no sea el profundo dolor que siento porla perdida de un hijo.
Pero lo más difícil es que no existen palabras para afrontar algo como esto, nada que pueda consolar.
Ni la solidaridad, ni la rabia, ni la venganza, ni las acusaciones, ni los abrazos, ni las oraciones, ni las lágrimas, ni la indignación. Todo parece poco, todo parece insuficiente, nada ayuda. La más buena de las intenciones parece un sinsentido.
Cualquier frase de consuelo suena extraña, vacía, sin rumbo.
Toda la tristeza
Perder un hijo no puede ser comparado a ningún otro dolor en el mundo.
Cualquiera muerte es triste, pero la de un hijo, sin duda, es peor que cualquier otra. De alguna manera uno está mentalizado a que los padres de uno, los tíos, los hermanos, los amigos y hasta la pareja algún día, podrían morir, y que entonces uno tendría el penoso deber de estar en ese triste funeral. Pero nadie, absolutamente nadie imagina que tendrá que enterrar a un hijo.
Ahora bien, si además no es uno sólo, y si para aumentar la desgracia sucede en condiciones abominables, es simplemente demasiado.
Muchísimo más de lo que alguien puede soportar.

Fuerza Cristián W.