Quiero compartir un texto sobre este tema publicado por la psicologa Patricia Bravo.

Prácticamente en todos los países del mundo, y ciertamente en América Latina, la corrupción es un tema de gran preocupación e indignación –principalmente por su devastador efecto sobre el crecimiento económico y organizacional y sobre la estabilidad política de las naciones. No obstante, con frecuencia este fenómeno es analizado de manera superficial y hasta cierto punto distorcionada –cuando es visto por ejemplo como un problema meramente policíaco o político.

Es que simplemente sin ética en los negocios, la economía de mercado se desmorona --porque la corrupción anula la libertad, la confianza, la responsabilidad y la competencia leal que funda el actual sistema económico. Debido a esta conciencia, hoy son cada vez más los gobiernos y las empresas que forman asociaciones para promover mejores prácticas y buscar implementar políticas de ´transparencia´ organizacional.

En Chile, los estudios muestran la siguiente situación: Por un lado, según el Índice de Percepción de Corrupción de Transparency International, Chile es el país con los más bajos índices de corrupción de Latinoamérica. Aún más, en el Índice de Percepción de Corrupción del 2005, después de catorce puestos después de Chile viene el siguiente país latinoamericano: Uruguay con una puntuación de más de un punto menos y muchos puestos después Costa Rica y El Salvador que tienen más de tres puntos menos y luego Colombia.

Por otro lado –y desde un punto de vista cualitativo—tal estudio también detecta una percepción social de un aumento en la corrupción en Chile. Tal percepción que se ve confirmada por los hallazgos de otros estudios sobre corrupción en nuestro país, cuya metodología plantea a empresarios y ejecutivos una serie de situaciones cotidianas con el sector público que buscan una evaluación ética. Lo que han encontrado es que existe una falta de limites entre la irregularidad administrativa y lo francamente ilegal así como una preferencia de prácticas convencionales que rayan entre un mal hábito y la acción ilícita.

Por estas razones, la vara de comparación correcta para Chile claramente no debiera ser el resto de Latinoamérica. No debemos perder la perspectiva y compararnos con países que hace tiempo sacan bajísimas puntuaciones en materia de transparencia, sino mejorar la situación en la que nos encontramos. Un desarrollo de esta naturaleza pasa por una educación focalizada en la creación de practicas de transparencia en nuestro país, por el fortalecimiento de la convivencia organizacional y laboral y, en ultima instancia, por el desarrollo ético y la fuerza del carácter del chileno.

Fuente: www.uai.cl