César Barros M.
Presidente SalmonChile
La industria del salmón ha vivido en estos días duras pruebas de la naturaleza en la extrema región donde se desarrolla y además ha sido víctima de la incomprensión de algunas autoridades, medios de comunicación, e incluso de palabras injustas desde la máxima magistratura del país.
Hace 20 años no existía cultivo del salmón en Chile. La salmonicultura se desarrolló de la nada, en las zonas más abandonadas de la patria -verdaderas islas olvidadas por sus élites políticas y de opinión-, y ha logrado construir una actividad empresarial y modos de vida en regiones que antes sólo conocían la indiferencia, la emigración y la dependencia de la hermana República Argentina, la que tiene a sus regiones patagónicas mucho más desarrolladas que las chilenas como Chiloé, Aisén y Magallanes.
Hoy somos líderes indiscutidos a nivel internacional y la actividad chilena que mayoritariamente llega en forma directa a los consumidores del mundo. Y es posible -si las cosas se siguen haciendo bien- que en la próxima década la salmonicultura sea superada solamente por el cobre como actividad exportadora nacional. Y esto no se logra sino sobre la base de excelencia en los procesos, que deben ser obligatoriamente de altísimos estándares de calidad. Estamos sujetos a las más estrictas normas de salubridad, limpieza y sanidad exigidas por las sociedades de consumo más sofisticadas del mundo.
Lo más meritorio es que esto se ha logrado trabajando precisamente en las regiones chilenas más olvidadas, salvo cuando vienen tragedias o cuando se amenaza nuestra soberanía. La infraestructura de transporte es de una fragilidad espeluznante (la comparación al respecto con nuestros competidores noruegos e irlandeses resulta risible), mientras la energía eléctrica es la más cara y escasa de Chile. Asimismo, las políticas habitacionales, de salud y de bienestar social van varias décadas por detrás de las que se imparten en Santiago y sus regiones aledañas.
Aisén, gracias a la salmonicultura, es la única región de Chile con pleno empleo, con una fuerte tasa de inmigración que se traduce finalmente en mayor soberanía. Al menos una persona de cada familia de la zona trabaja en la industria. Somos parte de la esencia de la región, y tenemos una comunidad de intereses notable con los trabajadores, autoridades locales y subcontratistas.
Cuando partieron en Puerto Chacabuco las primera plantas de proceso existía en el puerto sólo un teléfono (no había celulares en esos años) que se turnaban entre todos y por el cual se avisaban desde los accidentes, enfermedades y visitas médicas hasta las exportaciones a España y los pedidos de insumos. Hoy la situación es diferente, pero la falta de esfuerzo del gasto público es notoria y se hizo patente cuando, frente a la tragedia, se debieron enviar las ambulancias que no existían, los médicos que no había y los retenes móviles que faltaban. Y los personeros que tan asiduamente ahora quieren "estar ahí" han descubierto que para llegar a Puerto Chacabuco deben tomar un avión -con pocos vuelos semanales- que los deja sólo en Balmaceda, a 150 kilómetros de distancia. Y que quienes no tienen esos medios, deben viajar por bus vía Argentina, llegando a Osorno primero, o unas 24 horas en barco para arribar recién a Chiloé.
Y ese aislamiento no es por empeño de los aiseninos: la industria le ha querido gritar al mundo su belleza y su realidad, ha invitado por años a los medios a conocer la zona y su principal actividad, pero obviamente el tema "no era noticia".
Ahora, todos estos nuevos y sorprendidos visitantes acusan a los chilenos más olvidados de histeria y nerviosismo, de estar huyendo del lugar, de no ser capaces de resistir los embates de la naturaleza; como si estas visitas fueran capaces de vivir en las duras condiciones de la región como los aiseninos lo han hecho por siempre.
El olvido es evidente. El reciente y mediático interés por la zona enfurece a los habitantes de Aisén. Por eso las banderas negras. Por eso las insolencias destempladas a la primera magistratura de la nación. Porque se necesitó una tragedia para despertar el interés por ellos, y porque saben que una vez que las muertes, desapariciones y pérdidas materiales ya dejen de "ser noticia", lo más probable es que se retorne al acostumbrado olvido por parte de Santiago, sus autoridades, sus políticos y sus medios de comunicación.
Hola, cómo estay, espero que bien, yo estoy bien y concuerdo con el presidente de los salmoneros en gran parte. Te invito a que visites mi blog, porque puyse un artículo sobre Aisén el domingo y con lo que publiqué hoy..., en todo caso, gracias por el comentario. Bueno, nos vemos, adios.