El joven que mató a 32 personas tuvo tiempo de ir a su cuarto y recargar las armas entre los tiroteos.

Treinta segundos de aplausos recibió el presidente de la Universidad Politécnica de Virginia (UPV), Charles Steger, en el servicio funerario que se celebró ayer en memoria de las 32 personas asesinadas el lunes por el estudiante Cho Seung-hui. Treinta segundos que no serán suficientes para consolar a este hombre, que en sus apariciones públicas se presenta demacrado, ojeroso y cansado, respondiendo una y otra vez a las mismas preguntas sobre las decisiones que tomó el día de la tragedia. Y es que padres, estudiantes y la prensa critican cada vez con más crudeza las decisiones que Steger y la policía tomaron el día de la tragedia.

¿Por qué transcurrieron más de dos horas entre el primer tiroteo --en el que murieron dos personas-- y el correo electrónico con el que se alertó a la comunidad universitaria de que algo grave estaba ocurriendo? ¿Por qué en el e-mail se pidió prudencia pero no se ordenó el cierre del campus? ¿Qué llevó a las autoridades a considerar un "accidente doméstico" la muerte de dos personas en el primer tiroteo? ¿Con qué indicios consideraron que el pistolero había abandonado el campus, cuando en realidad acudió a su habitación a buscar más munición con la que completar la matanza?

PREGUNTAS A

preguntas de este tipo se enfrenta Steger en cada comparecencia pública desde la tarde-noche del lunes y son las que muchos estudiantes y sus preocupados padres pronuncian en cuanto les ponen un micrófono a su alcance. "La universidad tiene las manos manchadas de sangre por su inacción tras el primer tiroteo", denunció el estudiante Billy Bason. "No teníamos ninguna razón para pensar que iba a ocurrir otro accidente", declaró Steger, quien dijo que el dormitorio donde ocurrió el primer tiroteo fue cerrado inmediatamente y sus accesos bloqueados y que se confió en el e-mail para alertar a los alumnos. En ese momento había 11.000 estudiantes en el campus y otros miles iban de camino, motivo por el cual no se cerró la universidad.
Según Steger, tras enviar el correo la universidad empezó a llamar por teléfono a los estudiantes residentes y envió a empleados a recorrer dormitorios y aulas para alertar a los jóvenes. "Tomamos las decisiones según la información que teníamos en ese momento, no había tiempo para reflexionar. No podemos tener un guardia armado en cada aula", se defendió el presidente de la universidad. "Si alguien dispara en un campus, hay que cerrarlo inmediatamente", denunciaron en la cadena Fox John y Jennifer Shourds, cuya hija de 18 años estudia en la UPV.
Decisiones acertadas o no por parte de la universidad y la policía, lo cierto es que una vez que alguien como Cho Seung-hui tiene acceso a armas las consecuencias son difíciles de controlar. Según informó ayer la policía, este estudiante de Filología Inglesa, de origen surcoreano, utilizó dos pistolas de 9 y 22 milímetros para cometer la masacre. Los estudios de balística han demostrado que las armas que aparecieron junto al cadáver del joven de 23 años fueron utilizadas en los dos tiroteos, lo que casi descarta la posibilidad de que hubiera un segundo pistolero.

ATORMENTADO
Una vez las autoridades desvelaron la identidad del asesino, la información sobre él empezó a fluir. Carolyn Rude, supervisora del departamento de Inglés, lo describió como un chico "atormentado". "Era un solitario, hasta el punto que tenemos problemas para recopilar información sobre él", dijo Larry Hincker, portavoz de la universidad. De él se sabe que en clase escribía textos tan "perturbadores" que fue enviado a un terapeuta de la UPV, que había estado tomando medicación contra la depresión y que su actitud en los últimos tiempos había sido violenta y errática. Además, la cadena ABC informó de que el asesino dejó una larga carta de despedida en la que carga contra "los niños ricos" y "los charlatanes impostores" de la universidad. "Me llevásteis a hacer esto", dice la carta.
De confirmarse este perfil, los motivos de Cho Seung-hui para cometer la matanza entrarán en el campo de la psicología. Triste consuelo para familiares, amigos y personal de la UPV, que anoche celebraron un multitudinario acto de recuerdo en el campus. "Aunque ahora sea difícil creerlo, llegará el día en que la vida en la UPV volverá a ser normal", había dicho George Bush en un servicio funerario celebrado horas antes. Sin olvidar a las víctimas, eso es por lo que suspira este campus que ha sido marcado por la tragedia.