En busca del sueño americano
En Nueva York se concentran ciudadanos de todos los rincones del planeta, todos en busca de la gran oportunidad.
Agitada, peligrosa, frenética y atractiva, la ciudad abre sus brazos a los que se juegan al todo o nada.
Uno de ellos es Luis Martínez, chileno que hace más de diez años dejaba atrás un finiquito como empleado del Banco del Estado y una serie de deudas que no pudo pagar.
El Conejo daba un salto arriesgado, ya que llegaba a Nueva York sin conocer a nadie, sin trabajo y sin dinero suficiente ni siquiera para un día.
La única referencia que el Conejo tenía de este país era a través de las películas y que alguna vez un amigo le había contado que era el lugar indicado para intentar recuperarse económicamente.
Su sueño era pagar las cuentas pendientes en Chile, ayudar a sus padres que no tenían una buena situación económica y juntar algo de dinero para regresar a Chile.
El padre de Luis había sido un destacado jinete de la hípica nacional conocido como "Cara de loco" Martínez. El Conejo lo acompañaba siempre a sus carreras, por eso que el primer trabajo de este chileno en Nueva York fue en un hipódromo. En ese lugar recibió el primer consejo de un antiguo amigo de la familia: "Hay varios destinos en este país: el del trabajo, el de las fiestas, el de los amigos, la droga. Elige me dijo..." El consejo duró para siempre, pero el trabajo en el hipódromo, pocas semanas.
En Chile, Luis había sido salvavidas, junior, repartidor de películas, vendedor de corbatas, zapatos y relojes y ascensorista...
En Estados Unidos en poco tiempo, pasó por el hipódromo, un lavaseco, cocinas de restaurantes y por muchas casas donde era el encargado de limpiar los vidrios. A todas partes trataba de llegar caminando, primero porque no tenía plata, luego para ahorrar y más tarde para conocer.
El 12 de octubre de 1991 la suerte cambió para el Conejo. Ese día comenzó a trabajar con Jorge González, un chileno que había iniciado la aventura en un carro manicero un tanto descuidado, con poca variedad y sin la planificación que desde el primer día comenzó a aplicar Luis. Al poco tiempo, el Conejo se transformó en un gran vendedor ya que superaba sus limitaciones con el idioma con su personalidad extrovertida. Cada día batía el récord de dinero recolectado el día anterior.
Como suele ocurrir, los comienzos de la historia no fueron fáciles, siendo el principal problema la falta de papeles en regla. Se trabajaba mirando para atrás. También se usaba que uno de los dos vendía y el otro vigilaba la posible llegada de la policía. Muchas veces fueron alcanzados y otras tuvieron mejor suerte.
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