Cuando los meteorólogos tratan de valorar los huracanes les otorgan un número en la escala del uno al cinco, en función de su fuerza destructiva.
Cuando se le atribuye el número cinco a uno, quiere decir que se trata de un fenómeno meteorológico de la máxima intensidad. Es cuando la Naturaleza desata todas sus fuerzas con lluvias torrenciales, vientos superiores a los 200 kilómetros por hora y cuando nada hecho por el hombre parece ser capaz de detener, o de resistir, a ese feroz envite.
Ese monstruo de fuerza cinco no se detiene ante nada y se abre camino ante todo.
Exactamente igual que el entrenamiento de fuerza cinco, capaz de superar cualquier barrera y desencadenar el crecimiento muscular... ¡por la fuerza!

Pero al igual que sucede con esos fenómenos de la Naturaleza, en que su verdadera fuerza está en el interior, en el ojo del huracán, no en las ramificaciones externas, lo mismo sucede con el entrenamiento de fuerza cinco, esa intensidad casi infernal que os haga sentir prácticamente como si pudieseis levantar cualquier peso que se os ponga por delante y con un vigor inagotable, hay que buscarla en el interior, en vuestra mente.

Los expertos aseguran que la fuerza verdadera está más allá de los músculos, reside en la mente.

Cuando la mente concibe algo como posible, entonces eso sea lo que sea está prácticamente al alcance de la mano. No es posible obtener ningún récord ni rendir físicamente al máximo sin contar con la participación de la mente. Es común ver a los atletas que se han de entregar a un esfuerzo de alta intensidad, como antes de la prueba parecen hipnotizados y absortos en sus pensamientos, como transportados en otra dimensión, ausentes de la realidad. Eso se llama concentración y la ponen en práctica desde los corredores velocistas, los saltadores, los lanzadores, los levantadores de halterofilia o de powerlifting, etcétera. Sin embargo, no necesitan hacerlo los fondistas, sean corredores, nadadores, marchadores o ciclistas, porque su especialidad no requiere de un esfuerzo tan brutal que exija reclutar todas y cada una de las fibras musculares para ir al límite en busca de llegar más allá de su capacidad actual, pero los otros atletas sí.

Es más, si un levantador no consigue entrar en ese estado mental de semitrance le será muy difícil no sólo superar sus marcas, sino ni tan siquiera igualarlas.

Sí, la mente es nuestra mejor herramienta para llegar más lejos y si sabéis usarla en vuestro beneficio y sacarle el máximo partido, dispondréis de un caudal de fuerza casi ilimitado.