Tomates, porotos verdes, zanahorias, betarragas, lechugas, uvas, duraznos, naranjas, limones, manzanas, han sido alimentos detectados con plaguicidas por los servicios de salud entre Arica y Maule y que no han sido declarados por los productores, algunos de ellos dentro de la lista de los prohibidos. Es un escándalo alimentario de proporciones que no sólo afectará nuestras exportaciones, pues desde hace décadas perjudica a los desinformados consumidores nacionales y sobre todo a aquellos operarios que hace años trabajan directamente con los plaguicidas.

Nuevamente surgen viejos argumentos, por ejemplo que no hay una constatación científica que demuestre la correlación entre nacimientos con malformaciones y el uso de pesticidas. Esta afirmación es falsa, pues está internacionalmente demostrado el efecto mutagénico y teratogénico de los pesticidas cuestionados. Además, la Sexta Región, que concentra más del treinta por ciento del uso de pesticidas, presenta el más alto índice de nacimientos con malformaciones, doscientos casos en el presente año. Ahora, cuando se investigue el origen, oficio y tareas desempeñadas por los progenitores, la evidencia será absoluta. Cosa de hacerlo.

Finalmente el tema de fondo no es la peligrosidad de determinado pesticida y el costo económico de prohibirlo, si no que nuevamente se está pasando a llevar el principio de la responsabilidad ambiental. La sola sospecha de que un producto agroquímico puede causar mutaciones genéticas, cáncer o cualquier otra alteración en los seres humanos, debiera impulsar la abstención de usarlo. En estos casos el producto es dañino hasta que científicamente se demuestre lo contrario, jamás la revés. Si Chile no tiene la capacidad científica para analizar los productos agroquímicos, antes de permitir que se dispersen por el ambiente de todos, entonces debiéramos creer la información al respecto que emiten los países desarrollados.

Exportaciones crecientes, crecimiento económico y empleo no son argumentos para permitir el uso de substancias peligrosas, más aún si existen sustitutos, probablemente más caros, pero menos peligrosos. En las últimas décadas miles de niños chilenos que no nacieron, que murieron a poco de nacer, que nacieron con malformaciones, enfermedades incurables, discapacitados o sin cerebro, en zonas de intenso uso de pesticidas están aquí para demostrar lo demencial de este crecimiento sin ética, sostenido, pero insustentable.

Extracto de Pedro Serrano Rodriguez.
Publicado el 18 de Octubre del 2000.-